¿SOMOS DIGNOS DE SANTIAGO APÓSTOL?



Hoy se celebra la festividad de Santiago Apóstol. No una fecha cualquiera. No un simple recuerdo histórico. Celebramos al Apóstol que, según la venerable tradición, regó con su predicación esta tierra de España y cuya protección fue invocada durante siglos por nuestros mayores. 

Volverán a resonar las campanas de las Españas en honor del glorioso Santiago, hijo del Trueno, Apóstol del Señor, primer mártir del Colegio Apostólico y Patrono de nuestra Patria. Pero antes de alzar nuestras voces en su honor, antes de adornar nuestros templos y de repetir con emoción su santo nombre, hay  preguntas que deben caer sobre nuestras conciencias con el peso de un juicio:

¿Somos dignos de Santiago Apóstol?

¿Somos dignos del discípulo que dejó las redes para seguir a Cristo?

¿Somos dignos del primer Apóstol que derramó su sangre por Nuestro Señor?

¿Somos dignos del Patrono de las Españas?

¿Somos dignos de quienes, durante siglos, gritaron "¡Santiago y cierra, España!" no como un eslogan vacío, sino como una profesión de Fe y una entrega total?

¿Somos dignos de nuestros padres y abuelos?

¿Somos dignos de los mártires?

¿Somos dignos de los santos que hicieron de España una tierra fecunda en vocaciones, monasterios, universidades y misiones?

¿O hemos cambiado la Cruz por la comodidad?

¿La verdad por el aplauso?

¿El sacrificio por el bienestar?

¿La fortaleza por la tibieza?

¿Rezamos como rezaban nuestros mayores?

¿Asistimos al verdadero e inmemorial Santo Sacrificio de la Misa?

¿Defendemos la Verdad cuando resulta incómoda?

¿Callamos por miedo?

¿Cedemos por comodidad?

¿Negociamos con aquello que nunca debería negociarse?

¿Amamos verdaderamente a Cristo?

¿O solamente nos gusta hablar de Él?

¿Conocemos nuestra Fe?

¿Podríamos defenderla delante de cualquiera?

¿Leemos el Catecismo?

¿Conocemos la vida de los santos que han forjada la Historia de España (Santiago Apóstol, San Isidoro de Sevilla, San Leandro de Sevilla, San Hermenegildo, San Fernando III el Santo, Santo Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Francisco Javier, San Juan de Ávila, San Vicente Ferrer, San Pedro de Alcántara, San Pascual Bailón, San José de Calasanz, San Antonio María Claret, San Eulogio de Córdoba,...?

¿Amamos realmente a España?

¿Pero a la España católica?

¿A la España de Santiago?

¿A la España de Covadonga?

¿A la España de Lepanto?

¿A la España de los misioneros?

¿A la España que levantó hospitales, universidades y catedrales?

¿A la España que llevó la Cruz hasta los confines del mundo?

¿O únicamente amamos una idea romántica del pasado sin estar dispuestos a asumir ninguna responsabilidad en el presente?

¿Nos escandaliza el estado del mundo?

¿Y qué hacemos para remediarlo?

¿Rezamos?

¿Ofrecemos penitencia?

¿Educamos cristianamente a nuestros hijos?

¿Damos ejemplo?

¿Somos coherentes?

¿Somos valientes?

¿O esperamos que otros hagan aquello que nosotros no nos atrevemos a hacer?

¿Nos reconocería Santiago como compañeros de combate?

¿Nos encontraría vigilantes?

¿Nos encontraría preparados?

¿Nos encontraría con la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios?

¿O dormidos?

¿Indiferentes?

¿Resignados?

¿Somos conscientes de que cada generación recibe una herencia que debe conservar y transmitir?

¿Estamos siendo fieles a esa misión?

¿Qué legado dejaremos?

¿Una Fe más fuerte?

¿O una fe más débil?

¿Una familia más cristiana?

¿O más mundana?

¿Una patria más fiel a su Santa Tradición?

¿O más olvidadiza de ella?

No es tiempo de lamentaciones estériles.

No es tiempo de esconderse.

No es tiempo de la cobardía.

Es tiempo de volver a poner a Cristo en el centro de nuestra vida.

Porque las Españas no necesitan únicamente grandes discursos.

Necesitan hombres y mujeres que vivan heroicamente la Fe, defiendan la Patria y los Fueros y al Rey.

Necesitan católicos que prefieran perder prestigio antes que perder la verdad.

Hoy, al celebrar a Santiago Apóstol, no nos limitemos a mirar al pasado con nostalgia.

Miremos al cielo.

Miremos nuestra conciencia.

Y respondamos con sinceridad a la única pregunta que importa:

¿Somos dignos de Santiago Apóstol?

Que cada uno responda ante Dios.

Y que Santiago, patrono de las Españas, interceda para que nuestra respuesta no sea solamente una palabra, sino una vida entera entregada a Cristo.

¡Santiago Apóstol, ruega por las Españas!


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