LOS QUE OLVIDARON ÍTACA: Pequeña odisea del católico tradicionalista
Francesco Hayez, Ulises en la corte de Alcínoo (1814-1815). Después de todas las tentaciones del viaje, quedaba todavía una cosa: regresar LOS QUE OLVIDARON ÍTACA Pequeña odisea del católico tradicionalista Hay una escena en la Odisea que, a fuerza de haber sido repetida durante casi tres mil años, corre el peligro de parecernos demasiado conocida para seguir siendo terrible. Ulises está sentado en una playa. No combate. No hay cíclopes, ni lanzas, ni tempestades, ni cadáveres de compañeros flotando entre los restos de una nave. Tampoco pasa hambre. Muy al contrario: está en la isla de Calipso, una diosa lo ama, nada verdaderamente desagradable parece amenazarlo y hasta se le abre delante una existencia que cualquier prudente administrador de riesgos habría considerado infinitamente preferible a la aventura de hacerse otra vez a la mar. Y, sin embargo, aquel hombre mira el horizonte y llora. Llora por Ítaca Arnold Böcklin, Odiseo y Calipso, 1882. El héroe contempla el mar que lo separa...
