Felicitación Epifanía del Señor, día de la Monarquía Legítima


Relieve renacentista de las ruinas  de S. Francisco, Baeza

La Epifanía del Señor no es una escena piadosa más del calendario litúrgico. Es una de las proclamaciones más solemnes del orden verdadero del mundo. En el Niño adorado por los Magos se manifiesta no sólo el Dios hecho carne, sino el Rey legítimo, reconocido como tal por quienes saben leer los signos del cielo y de la historia.

Los Reyes Magos no acuden como curiosos ni como diplomáticos: acuden como reyes. Y al postrarse ante Cristo confiesan una verdad perenne: toda autoridad auténtica procede de Dios. No hay pacto, ni contrato, ni plebiscito; hay adoración. Porque ante la Realeza verdadera sólo cabe la obediencia libre y reverente.

La Epifanía es, por ello, una fiesta política en el sentido más alto y cristiano del término. Proclama que el poder no nace del número ni de la fuerza, sino del derecho; que el trono no se funda en la propaganda, sino en la verdad; que la soberanía no reside en una masa voluble, sino en un orden querido por Dios.

Frente al Niño-Rey se alza Herodes: el usurpador, el rey sin derecho, el poder sostenido por el miedo. Herodes teme a la Verdad porque no le pertenece, y persigue al Rey porque su sola presencia lo desenmascara.

Herodes no es una figura del pasado. Su espíritu pervive en todo régimen nacido de la ruptura, del fraude o del olvido deliberado de la Tradición cristiana. Allí donde se niega la Realeza social de Jesucristo, allí donde se vacía de contenido moral la autoridad, renace Herodes.

Para el carlismo, la Epifanía tiene una resonancia singular. Porque así como los Magos reconocen al Rey verdadero aun cuando se presenta sin fasto ni ejércitos, así también el tradicionalismo español ha sostenido siempre que la legitimidad no depende del éxito ni del reconocimiento mundano, sino del derecho.

La Monarquía legítima no es un artificio constitucional ni una jefatura simbólica al servicio del Estado moderno. Es una institución moral, sometida a la ley de Dios, enraizada en la historia y garante de los fueros, de las libertades concretas y de la continuidad espiritual de los pueblos.

En este día de Epifanía, los carlistas afirmamos sin rodeos que la legitimidad histórica de la Corona de España subsiste hoy en la persona de D. Sixto Enrique de Borbón, a quien reconocemos, conforme a la tradición dinástica y doctrinal del carlismo, como Enrique V.

No se trata de una adhesión sentimental ni de una opción política más, sino de un acto de coherencia: la misma coherencia que llevó a los Magos a seguir la estrella y a reconocer al Rey verdadero allí donde el mundo sólo veía fragilidad.

Los dones ofrecidos en Belén no pertenecen sólo al pasado. Hoy seguimos ofreciendo oro cuando defendemos el orden natural y cristiano frente al igualitarismo disolvente; incienso cuando proclamamos sin complejos la soberanía social de Jesucristo; y mirra cuando aceptamos el combate, la marginación y el sacrificio que conlleva permanecer fieles a la Tradición y a la legitimidad.

Porque la Epifanía no es sólo memoria: es manifestación, es toma de partido, es compromiso.

En este día santo renovamos nuestra esperanza y nuestra lealtad. No a las coronas vacías, no a las monarquías desnaturalizadas, no a los Estados que reniegan de su alma cristiana. Nuestra fidelidad es antigua y clara:

Dios, Patria, Fueros y Rey.

Que Cristo, Rey de Reyes, se manifieste de nuevo en las naciones.

Que caigan las legitimidades falsas.

Que permanezca la verdadera.

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva Enrique V!

¡Viva la Monarquía legítima!

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