CONVOCATORIA: Acto de Jura de los Títulos de Corredentora y Medianera de Todas las Gracias de la Santísima Virgen María



En un tiempo en que la confusión doctrinal y el ruido del mundo intentan entibiar la Fe y apagar la devoción de los cristianos, surge entre nosotros la necesidad —más apremiante que nunca— de proclamar con voz firme y amorosa los privilegios que la Tradición, los santos y la piedad del pueblo fiel han reconocido siempre a la Madre de Dios.

Del mismo modo que nuestros mayores, en las universidades y ciudades de la España barroca, se levantaron para defender y jurar la Inmaculada Concepción, así también nosotros deseamos hoy renovar ese espíritu, convocando públicamente a los hijos de la Iglesia a un acto de filial valentía: la Jura de los Títulos de Corredentora y Medianera de Todas las Gracias de la Santísima Virgen María.

Y conviene recordar, para nuestra edificación y ejemplo, cómo aquel movimiento inmaculista no fue cosa de minorías ni asunto reservado a teólogos, sino un auténtico levantamiento espiritual del pueblo español entero. Desde los puertos de Galicia hasta los campos de Castilla, desde las montañas de Aragón hasta los claustros de Andalucía, ciudades, villas y aldeas competían en fervor por proclamar la pureza de María. Universidades como la de Baeza, Salamanca, Sevilla, Alcalá, Huesca o Valencia inundaban las calles con desfiles solemnes de luces, estandartes y música sacra. Los gremios se unían en profesiones públicas de Fe; los cabildos municipales firmaban actas solemnes; las catedrales celebraban vigilias que duraban toda la noche; los estudiantes imprimían pliegos y salían a cantar por las plazas.

Y este ardor no quedó en la Península: cruzó el océano y prendió en las tierras de América. En Méjico, Lima, Potosí, Puebla, Quito o Bogotá se hicieron juras grandiosas, con procesiones multitudinarias, arquitecturas efímeras, sermones inflamados y juramentos pronunciados a una sola voz por autoridades civiles, religiosas y por el pueblo entero. Aquella marea de amor mariano demostró que España y sus reinos ultramarinos vivían —como una única alma extendida en dos mundos— un mismo fervor por la Madre de Dios. Así queremos hoy, humildemente, imitar a nuestros padres, sabiendo que en la historia de la Hispanidad nunca se separó la Fe del honor debido a María.

Como en aquellos días gloriosos en que claustros, hermandades y cabildos universitarios se reunían en torno a la figura de María, así queremos ahora recuperar esa misma llama ardiente. Porque si Ella, al pie de la Cruz, se unió de modo singular al sacrificio redentor de Cristo, con razón y piedad la confesamos Corredentora; y si de su mano materna proceden —por voluntad divina— todos los bienes espirituales que nos alcanzan, con plena voz la veneramos como Medianera de Todas las Gracias, canal escogido por Dios para derramar sobre los hombres los dones de la salvación.

Por ello, se invita a todos los fieles, familias, cofradías, asociaciones, jóvenes y devotos a participar en el Solemne Acto de Jura. Será un momento de gracia, de Fe viva y de Sagrada Tradición. El acto comenzará con una explicación doctrinal sobre la corredención y mediación universal de María, recordando la enseñanza constante de la Iglesia, la voz de santos y doctores, y el sentir inequívoco del pueblo cristiano.

A ello seguirá la recitación del Stabat Mater, donde se contempla a Nuestra Señora en el Calvario junto a su Divino Hijo, único Mediador en sentido estricto, pero que quiso servirse de su Madre como instrumento privilegiado de su misericordia.

Después tendrá lugar la Proclamación del Juramento, que los asistentes podrán recitar de manera conjunta o individual. Allí cada voz se elevará como ofrenda viva, confesando ante Dios, la Iglesia y el mundo que la Virgen María es Corredentora, asociada singularmente a la Pasión de Cristo, y Medianera de Todas las Gracias, por cuya intercesión maternal descienden del Cielo todos los auxilios de salvación.

Será un gesto de continuidad con los siglos que nos preceden y una siembra para los que vendrán.

Rogamos a todos acudir con espíritu de oración, modestia y fervor mariano. Quien participe en este acto no solo repetirá un rito antiguo: se unirá a la cadena de fieles que, generación tras generación, sostuvieron públicamente los privilegios de la Virgen en tiempos de oscuridad y confusión.

Que nuestra ciudad, como antaño Salamanca, Alcalá, Sevilla o Zaragoza, vuelva a resonar con ese clamor de Fe que los siglos nunca lograron apagar.

Que nadie falte.

María, Corredentora y Medianera de Todas las Gracias, nos convoca, nos reúne y nos señala el camino hacia su Hijo.

«A Ti clamamos, Señora: acompáñanos, ampáranos y haznos firmes en la confesión de tus privilegios».



Jura Corredencionista

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«Yo, N., en presencia de Dios todopoderoso, uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y ante la Bienaventurada siempre Virgen María, Madre de Dios, cuyos santos Evangelios toco con mi mano, prometo, hago voto y juro que defenderé, sostendré y confesaré siempre, con toda mi fuerza, poder y entendimiento, el título y misterio de la Santísima Virgen María como verdadera y propiamente Corredentora, por haber cooperado de modo singular, único y subordinado a Cristo en la obra de la Redención del género humano; y juro igualmente que no enseñaré, permitiré ni toleraré en público ni en secreto doctrina alguna contraria a tan piadosa y antiquísima verdad, sino que la rebatiré y refutaré con firmeza cuando mi deber de estado o la caridad cristiana así lo exigiere.

Prometo además promover, honrar y propagar, según mis fuerzas y condición, la devoción y reconocimiento del papel corredentor de María Santísima, exhortando a los fieles con palabra y ejemplo a venerarla como Madre Dolorosa que, al pie de la Cruz, se unió de manera singular al sacrificio redentor de su Hijo.

Y declaro que cuanto aquí prometo y juro lo hago en la medida en que lo permita la Santa Iglesia Católica y Apostólica y en obediencia a los Sumos Pontífices, a cuyo juicio y autoridad me someto enteramente.

Si —lo que Dios no permita— faltare a este voto y juramento, quedo sujeto a las penas y correcciones que la Iglesia estableciere contra quienes menoscaban los privilegios y títulos de la Virgen Madre de Dios.

Así lo prometo, voto y juro; y para cumplirlo pido el auxilio de Dios todopoderoso y la intercesión de María Santísima, Corredentora del género humano.

En señal de ello beso estos santos Evangelios que toco con mi mano. Amén.»


(Latín)

«Ego N., coram Deo omnipotente, uno et trino, Patre et Filio et Spiritu Sancto, ac coram Beatissima Virgine Maria, Dei Genitrice, his sacris Evangeliis manu mea tactis, promitto, voveo ac iuro me defensurum, sustentaturum et semper confessurum, totis viribus mentis et corporis, titulum ac mysterium Beatissimae Virginis Mariae uti verae et proprie Corredemptricis, quae singulari, unico ac subordinato modo Christo in Redemptione humani generis cooperata est; atque item iureiurando affirmo me nullam doctrinam, sive publice sive secreto, huius piissimae ac antiquissimae veritatis adversam unquam traditurum, permissurum aut toleraturum, sed potius, ubi munus meum vel caritas id requirat, constanter refutaturum ac repressurum.

Promitto praeterea me, pro viribus ac statu meo, cultum, venerationem et agnitionem officii corredemptorii Mariae Sanctissimae promoturum ac propagaturum, fidelesque verbo et exemplo adhortaturum, ut eam venerentur tamquam Matrem Dolorosam, quae sub Cruce singulari modo sacrificio Redemptoris participavit.

Haec autem omnia iuxta normam Sanctae Ecclesiae Catholicae et Apostolicae ac sub obedientia Romanorum Pontificum profiteor me facturum, eorum iudicio acuctoritati omnino subiectus.

Quod si —quod Deus avertat— voto ac iuramento huic defecero, poenis correctionibusque, quas Ecclesia statuerit adversus eos qui privilegia ac titulos Dei Genetricis minuunt, me subiicio.

Sic promitto, voveo ac iuro; et ad hoc fideliter implendum imploro auxilium Dei omnipotentis et intercessionem Mariae Sanctissimae, Corredemptricis humani generis.

In cuius rei signum haec sancta Dei Evangelia, quae manu teneo, osculor. Amen.»


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