Los Fueros como libertad y el caso de Baeza
La historia de España está marcada por un modelo político en el que las libertades locales jugaron un papel fundamental. Desde la Reconquista, los fueros fueron el instrumento que permitió a los pueblos gobernarse conforme a sus propias costumbres, garantizando derechos y deberes dentro de una estructura de monarquía tradicional. Baeza, ciudad histórica de Jaén, no fue ajena a esta realidad y vivió una evolución foral que refleja el espíritu de la Cristiandad y de las Españas.
Los Fueros: Autonomía y Tradición
Los fueros fueron cartas de derechos y privilegios concedidos a municipios, villas y regiones por los reyes. No eran simples concesiones arbitrarias, sino el reconocimiento de un orden natural basado en la costumbre y la tradición de cada comunidad. En este sistema, el monarca no era un tirano absoluto, sino el protector de unas leyes preexistentes que respetaban la identidad de los pueblos.
A diferencia del centralismo liberal, que somete a todas las regiones a un mismo molde administrativo, el sistema foral reconocía la diversidad sin caer en la fragmentación. Así, los fueros garantizaban justicia propia, normas económicas y fiscales específicas, y hasta la organización militar de las comunidades.
Baeza y sus Fueros: Un Marco de Libertad Local
La ciudad de Baeza, de gloriosa memoria en la historia de España, recibió su fuero en el contexto de la Reconquista. En 1227, tras ser reconquistada por Fernando III el Santo, se le concedió un fuero basado en el de Cuenca, que establecía la organización de la ciudad y sus términos jurisdiccionales.
Este fuero regulaba aspectos esenciales de la vida cotidiana:
- Organización municipal: Se detallaban las competencias de alcaldes y regidores, la elección de los oficiales del concejo y la relación entre el municipio y la monarquía.
- Administración de justicia: Se establecían normas para resolver disputas, penas por delitos y derechos de apelación ante el rey.
- Regulación económica: Se determinaban impuestos, normas de comercio, protección de mercados y derechos de los gremios.
- Derechos y deberes de los ciudadanos: Se establecían garantías sobre propiedad, libertades individuales y deberes hacia la comunidad.
Gracias a este marco jurídico, Baeza se convirtió en un núcleo clave de la repoblación cristiana en Andalucía, atrayendo a nuevos habitantes y consolidando su papel en la frontera con el mundo musulmán.
La Pérdida de los Fueros y la Resistencia Tradicionalista
El absolutismo borbónico supuso un ataque directo a los fueros municipales. Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716) eliminaron la mayoría de los fueros de la Corona de Aragón, y aunque los fueros de Castilla sobrevivieron en parte, fueron progresivamente erosionados.
Más tarde, con el liberalismo del siglo XIX, los fueros fueron eliminados en toda España en favor de un modelo centralista. Este proceso generó una fuerte resistencia entre los tradicionalistas, especialmente en regiones con fuerte arraigo foral, como Navarra, el País Vasco y Cataluña. Sin embargo, el carlismo también tuvo presencia en Andalucía y en ciudades como Baeza, donde hubo levantamientos y círculos carlistas en defensa de los principios de Dios, Patria, Fueros y Rey.
El legado Foral de Baeza
A pesar de la pérdida formal de su fuero, la estructura foral de Baeza dejó una huella profunda en su historia. La ciudad siguió siendo un centro cultural y religioso de gran importancia, con instituciones que mantuvieron el espíritu de la autonomía municipal.
Hoy en día, el estudio del Fuero de Baeza, rescatado en investigaciones como la del hispanista Jean Roudil en 1962, nos recuerda que la verdadera libertad de los pueblos no reside en el Estado moderno, sino en el respeto a sus tradiciones y derechos históricos.
Conclusión: un modelo para el futuro
La historia foral de Baeza y de otras ciudades españolas es una llamada a recuperar un modelo de gobierno basado en la justicia tradicional, en la autonomía de los pueblos y en el respeto a la identidad propia de cada comunidad. Frente a los excesos del centralismo y del separatismo, el carlismo ofrece una solución equilibrada: la unidad en lo esencial y la diversidad en lo particular.
Los fueros no fueron privilegios, sino garantías de libertad y justicia. Baeza, con su glorioso pasado, es un testimonio de que la verdadera España no se construye desde el Estado moderno, sino desde las raíces de su tradición.
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